5.1. La España húmeda
Se localiza a lo largo de la fachada atlántica en el tercio norte peninsular (Galicia, Asturias,
Cantabria, País Vasco, y valles de la Cordillera Cantábrica y Pirineos). Es un medio
montañoso, con un clima oceánico de elevadas y regulares precipitaciones, temperaturas
suaves y bajo número de días de sol.
El hábitat es disperso, salpicado de pequeños pueblos y aldeas; un centro comarcal ofrece los
servicios básicos a una población en franco retroceso y envejecida. Los campesinos y
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ganaderos suelen ser propietarios de minifundios. Las parcelas son cerradas y valladas
(Bocage), lo que impide mecanizar las explotaciones.
La abundancia de prados y pastos explica el tradicional desarrollo de la ganadería, que en las
últimas décadas, ha experimentado una enorme transformación, orientándose hacia una
explotación moderna, vacuna, preferentemente de producción láctea, con algunas granjas de
ganado para carne de especial calidad. La producción está sometida a las cuotas lecheras de
la Unión Europea. Los productores dependen totalmente de las industrias lácteas. La
silvicultura también tiene una gran significación económica, especialmente como materia prima
para la fabricación de pasta de papel. Predominan los árboles de hoja caduca, si bien hoy
ocupan una buena parte de la masa forestal algunas especies de rápido crecimiento, como el
eucalipto. La agricultura tiene un desarrollo mucho menor. Los cultivos tradicionales son el
maíz, el trigo y la patata, destinados al autoconsumo, y también los forrajes, para alimentar al
ganado.
Los problemas a los que se enfrenta este territorio son:
El abandono de las explotaciones debido a la despoblación, al envejecimiento y la falta
de rentabilidad.
La desforestación por el elevado número de incendios veraniegos.
La fuerte erosión del suelo.
La presencia de especies arbóreas invasivas (eucalipto) de rápido crecimiento que
desplaza a las especies autóctonas por ser, las primeras, más rentables.
En los últimos años, las diferentes políticas de apoyo al desarrollo rural de la Unión Europea,
han frenado el proceso de desaparición de este espacio tradicional. El turismo rural, las
etiquetas de indicación geográfica protegida, o las de denominación de origen de los alimentos
que aquí se producen, pueden ser la solución de estos territorios en el futuro.