Gran Bretaña, debido a las necesidades económicas agravadas por sus continuas luchas con
Francia, incrementó los impuestos sobre los habitantes de las colonias, especialmente sobre el
té. Contrarios a estas nuevas tasas, y al no sentirse representados por el gobierno inglés, los
habitantes de las colonias americanas se negaron a acatar esas leyes y se levantaron en motín
contra la entrada de té inglés en las colonias.