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La Primera Guerra Mundial se desarrolló no sólo en los frentes de batalla, sino también
en la retaguardia que lo aprovisionaba. La actividad económica se centró en la
producción de material bélico. La penuria de alimentos fue especialmente grave para
los alemanes y obligó a restricciones mediante cartillas de racionamiento. Valga el
siguiente ejemplo:
Texto dirigido por el subprefecto de Valenciennes (Francia) a los alcaldes de los
barrios, enero 1917:
“Tal como estaba previsto, hay en el barrio una extrema penuria de harina y
carne. Por consiguiente, la ración de pan queda fijada en 150 gramos por adulto y 75
por niño menor de diez años. Vosotros, panaderos, debéis elaborar una lista exacta de
vuestros cliente, adultos y niño, que debéis controlar severamente. Para los carniceros,
tomaréis en seguida las mismas disposiciones, la ración será de 75 gramos para los
adultos y 47 gramos para los niños. Deberéis racionar según las instrucciones recibidas
las legumbres y las patatas y recomendaréis rigurosamente que por economía no se
pelasen las patatas antes de cocerlas”.