no hacia una nueva guerra mundial
Como hemos podido analizar hasta ahora en la unidad, las relaciones internacionales del período de
entreguerras y la situación socioeconómica que siguió a la crisis de 1929 constituyeron un período
de tensiones e inestabilidad, principalmente en Europa.
Existían rivalidades y enfrentamientos entre diferentes sistemas políticos: democracias,
fascismos y comunismo.
La política de expansionismo militar de las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) desató
un huracán bélico que sobrepasó todo lo conocido hasta ese momento.
Nuevas armas y ejércitos de millones de soldados sembrarían la desolación en Europa, Asia, África
y en todos los océanos.
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Imagen 10. Mapa de Europa en la década de 1930, antes de la Segunda Guerra Mundial
Observa los diferentes regímenes políticos que aparecen en Europa en 1939:
-- Regímenes democráticos: Irlanda, Reino Unido, Países Bajos, Bélgica, Francia, Noruega,
Suecia, Finlandia, Dinamarca;
-- Regímenes dictatoriales: Alemania, Italia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Hungría,
Rumania, Yugoslavia, Bulgaria, Grecia, Portugal, España;
-- Régimen comunista: URSS.
Un cúmulo de circunstancias preparó el camino a la Segunda Guerra Mundial.
La Primera Guerra Mundial había terminado con la confianza de que la humanidad no volvería a
caer en el tremendo error de una contienda de semejantes proporciones. No ocurrió así. Desde el
principio, hubo dirigentes de diferentes naciones que se mostraron disconformes con lo acordado
en el Tratado de Versalles. Otros llevaron a cabo una política internacional agresiva, de ocupación
de nuevos territorios como una especie de necesidad natural, caso de Japón y Alemania.
En estas circunstancias, la paz no era posible. Los gobernantes de naciones como Reino Unido o
Francia transigieron mucho con ese expansionismo, tolerando agresiones injustificables –la
denominada política de apaciguamiento-. Al final no les quedó más remedio que intervenir.
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De esta manera, en 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial, cuyo desarrollo veremos a
continuación. De ella saldrá un nuevo orden internacional, que será analizado en la siguiente
unidad.
5.1. Orígenes del conflicto. La política exterior de la Alemania nazi
Imagen 11. Mapa: Extensión de Alemania (1935-1939). Fuente: Wikimedia Commons
A partir de 1933 (con la llegada de Adolfo Hitler al poder en Alemania) se produjo una
aceleración de los conflictos que conducirá directamente al estallido de la guerra en 1939. De
1933 a 1939, la política exterior de la Alemania nazi (claramente agresiva) determinó, en gran
medida, las relaciones internacionales en Europa.
En 1933, nada más llegar Hitler al poder, Alemania se retira de la Sociedad de Naciones; en 1935
se reimplantó el servicio militar obligatorio en Alemania. Recuerda que su ejército había quedado
limitado a 100.000 hombres en el Tratado de Versalles; en 1936 se procede a la remilitarización
de Renania (zona desmilitarizada en el Tratado de Versalles); entre 1936 y 1939, tiene lugar la
intervención alemana en la Guerra Civil Española al lado del bando sublevado.
1938 será un año clave por dos acontecimientos:
a) marzo: anexión de Austria a Alemania ( Anschluss)
El único problema que podía tener Hitler para conseguir la ansiada anexión de Austria (el Anschluss) era la posible reacción de Mussolini. Desde el asesinato de Engelbert Dollfuss,
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en 1934, el nuevo canciller austriaco Kurt Schusnigg se había apoyado en Italia para frenar la agitación nacionalsocialista en Austria y las ambiciones cada vez más evidentes del gobierno de
Berlín. Sin embargo, la crisis de Abisinia y el consiguiente giro hacia Alemania de la política
italiana dejó sin protección al gobierno de Viena. El Duce en 1936 aconsejaba al canciller
austriaco que negociara con Hitler: le pedía un imposible.
El 12 de febrero de 1938 y Schusnigg se entrevistó con Hitler. Aunque cedió a las presiones del Führer y nombró a Seyss-Inquart, líder nazi austriaco, ministro del Interior, Schusnigg hizo un último intento de resistencia convocando un referéndum sobre la independencia austriaca que
debía celebrarse el 13 de marzo. Las presiones alemanas fuerzan a la dimisión de Schusnigg,
quien fue sustituido por Seyss-Inquart como primer ministro. El nuevo líder austriaco llamó a las
tropas alemanas que invadieron Austria. El 13 de marzo se proclamaba el Anschluss.
Francia y Gran Bretaña no reaccionaron. La política de apaciguamiento estaba permitiendo a Hitler llevar a cabo su plan expansionista sin tener que enfrentarse a una oposición decidida.
b) marzo-septiembre: Cuestión de los Sudetes (Checoslovaquia). Conferencia de Munich.
En la región checoslovaca de los Sudetes vivían tres millones de alemanes que reivindicaban su
autodeterminación y deseaba unirse al III Reich. Ante la amenaza de invasión alemana,
Checoslovaquia solicitó la ayuda de las potencias occidentales (Francia y Reino Unido). Del 15 al
29 de septiembre, Chamberlain viajó tres veces a Alemania para entrevistarse con el Führer.
Ante la postura inflexible del Führer, el premier británico terminó convenciendo a Daladier, primer ministro francés: había que presionar al gobierno checoslovaco para que cediese a las exigencias
alemanas.
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