Fuente: http://es.wikipedia.org
3.3.1.1. Concepto de Restauración
En la Historia de España el término “Restauración” significa la vuelta al trono de los Borbones,
expulsados de éste tras la revolución de 1868.
Alfonso XII se presenta ante la opinión pública como el representante de una nueva
monarquía respetuosa con la voluntad popular y como el símbolo de la unidad de la nación. El
triunfo de la Restauración se explica por dos razones:
a) el descrédito y escaso apoyo social que tenían los partidos republicanos;
b) la labor de Cánovas aglutinando en torno a Alfonso XII a los llamados Partidos dinásticos
(liberales y conservadores), convertidos ahora en el principal sostén de la monarquía.
La Restauración ocupará el último cuarto del siglo XIX y los primeros años del siglo XX,
intentando conseguir la estabilidad política mediante un modelo de democracia parlamentaria,
a través del turno pacífico de los partidos (turnismo pacífico) y la admisión del sufragio
universal, al final de este período.
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3.3.1.2. Pilares de la Restauración borbónica
La Restauración, que no sólo significó la vuelta al poder de la monarquía borbónica, sino
también la vuelta al poder de una burguesía con base latifundista, descansaba sobre dos
pilares fundamentales:
A La Constitución de1876 concebida como una síntesis de constituciones anteriores,
con el objetivo de permitir el gobierno tanto de liberales como de conservadores.
Para ello recogía, entre otros, los siguientes principios:
la soberanía compartida entre las Cortes y el Rey,
la existencia de dos Cámaras: el Congreso de los Diputados (elegido por
sufragio censitario; -en 1891 se implantaría el sufragio universal masculino-) y
el Senado (formado por los grandes contribuyentes, altos cargos del Estado y
de la Iglesia);
el mecanismo de funcionamiento de los partidos políticos: convocatoria de
elecciones, elección de diputados, presidencia del Gobierno, etcétera…
el reconocimiento de la libertad religiosa, aunque el Estado se declaraba
católico.
B El sistema político: el turno pacífico. Cánovas consideraba que un solo partido no
podía hacer duradera la Constitución. Por ello organizó un sistema político basado en
la alternancia en el poder de dos partidos:
el Partido Conservador, dirigido por el propio Cánovas, procede de la Unión
Liberal y está integrado principalmente por una parte de la aristocracia,
terratenientes y clases medias acomodadas
el Partido Liberal, presidido por Sagasta, reúne a la oposición que acepta el
sistema: progresistas, demócratas dinásticos, etc. Está integrado por hombres
pertenecientes a los medios del comercio y la industria.
El turnismo pacífico, en teoría democrático, en la realidad se basaba en el fenómeno
conocido como Caciquismo. En los momentos de las elecciones había una clara falta de
transparencia política, que se veía complicada por la existencia de una minoría dirigente
(ministros, gobernadores, diputados, etc.) muy ligada -en su procedencia social- a los
terratenientes, nobles, señores de determinadas comarcas, etc.. En algunos pueblos y
comarcas existieron unos señores (denominados caciques) que por su poderío económico o
administrativo ejercieron muchas influencias y coacciones en el momento de las elecciones,
falseando los resultados.
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En el falseamiento electoral se producía, pues, la intervención de tres fuerzas: por una parte,
la minoría política de Madrid, que forma parte de la oligarquía dirigente que detenta el poder,
por otra, el gobernador civil de cada provincia, manejando a las autoridades locales y las
mesas electorales para lograr el resultado deseado, y finalmente, el cacique local, que controla
directamente extensos grupos humanos, imponiéndoles el voto que desea.
Este método liga a la oligarquía política con las fuerzas de la administración y el caciquismo
local. Lo más grave de este sistema era que fuera del turnismo quedaban los partidos no
dinásticos (republicanos, demócratas, socialistas, carlistas…) Esta situación alejaba a la
llamada España real (gran masa de la nación) de la España oficial (de la instituciones
políticas que debían representarla).
Imagen 19 y 20: Reinado de Alfonso XII
Antonio Cánovas del Castillo Práxedes Mateo Sagasta
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3.3.1.3. Final del reinado de Alfonso XII
Alfonso XII ostentó la corona en el primer momento de la Restauración. Fue un rey popular y
muy humano, que supo granjearse el afecto del pueblo. Su prematura muerte en 1885 (a los
veintisiete años) puso la corona de España en manos de su esposa María Cristina de
Habsburgo-durante el tiempo de minoría de edad de su hijo Alfonso, futuro Alfonso XIII-. La
reina regente cumplió escrupulosamente las funciones que le otorgaba la monarquía
constitucional. Alfonso XIII subirá al trono en 1902.
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3.3.2 Regencia de María Cristina de Habsburgo
Imagen 21. María Cristina de Habsburgo con su hijo Alfonso en brazos.
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3.3.2.1. Desastre de 1898
Durante el período de regencia tuvo lugar el denominado “desastre del 98”.
La isla de Cuba -junto a Puerto Rico y las Filipinas- conformaba los restos del Imperio
colonial español, tras la independencia de la mayoría de las colonias durante el reinado de
Fernando VII. La permanencia de estos territorios bajo la Corona española se debía a tres
causas: las razones de prestigio, su importancia en la economía que necesitaba de sus
materias primas baratas (algodón, tabaco, azúcar) y las posibilidades de su mercado como
importante centro de atracción para los emigrantes españoles.
En las colonias se desarrolló también un movimiento de emancipación al que no era ajena la
diplomacia de los Estados Unidos (deseosa de eliminar del continente americano cualquier
competencia que afectara a sus intereses comerciales). La prensa norteamericana aprovechó
la represión española de las guerrillas cubanas para preparar un ambiente político favorable a
la guerra contra España. La guerra estallaría en abril de 1898, tras la voladura del Maine
(barco de guerra norteamericano fondeado en La Habana). España la afrontó en manifiesta
inferioridad militar, especialmente naval y sin alianzas internacionales.
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La guerra fue breve: la flota española (alejada de sus bases y muy inferior a los modernos
barcos norteamericanos) fue claramente derrotada. En Filipinas, la flota norteamericana
destruyó parte de la escuadra española en Cavite, el resto de la escuadra caería unos meses
más tarde en Santiago de Cuba. España solicitó un armisticio y pidió la paz.
Imagen 22. Mapa de la campaña militar de Santiago de Cuba
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El Tratado de París tuvo unas consecuencias importantes: Por un lado certificó el fin del
Imperio español; por otro, abrió una profunda crisis en la sociedad española de fines del siglo
XIX.
Como consecuencia de la guerra, España reconoció la independencia de Cuba, cedió Filipinas
y
Puerto Rico a los Estados Unidos (que se confirma con gran potencia
internacional),apareciendo como una potencia de segundo orden en el contexto internacional,
en un momento en que la posesión de colonias confirmaba la importancia económica de una
nación y su prestigio en el exterior y sufrió un fuerte golpe en su comercio exterior, ya que su
industria se vio privada de las materias primas y los mercados coloniales.
Sin embargo, la mayor repercusión fue política e ideológica: la derrota se interpretó como un
síntoma del atraso secular de España frente a otras naciones más modernizadas.
Imagen 23. Tratado de París.
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3.3.2.2. El Regeneracionismo
Apareció un movimiento cultural crítico, el Regeneracionismo, que hace responsable de la
crisis a un sistema electoral corrupto, ligado al caciquismo, que falseaba la realidad española,
alejándola de las reformas urgentes y profundas que necesitaba España, formulando posibles
vías de modernización de España (programas de democratización, de regadío..), pero siempre
desde el plano teórico. El regeneracionismo se quedó en un deseo, más que en realizaciones
concretas.
Con un sentido más práctico destacó la labor de Joaquín Costa, quien cifraba la regeneración
del país en la recuperación económica y en la mejora de la educación. Sus ideas se resumían
en una frase: “Despensa y escuela”.
3.3.3. La sociedad y la economía en la España de la Restauración
La sociedad española del siglo XIX se configuró con la imposición de los valores y la
mentalidad de la burguesía. De esta forma quedaron al margen la mayor parte de los
españoles, un abundantísimo campesinado y un incipiente proletariado.
El atraso social y económico de España durante este período condicionará la postura
política de los trabajadores, que buscarán mediante soluciones radicales salir de su
abandono secular.
3.3.3.1. La sociedad en la España de la Restauración
A lo largo del siglo XIX la sociedad española había ido evolucionando desde una estructura
estamental a una sociedad de clases, en la que se pueden distinguir:
en primer lugar, la clase oligárquica, predominante en el interior y el sur de la península,
integrada por miembros de la antigua nobleza señorial – con gran influencia por
desempeñar importantes cargos políticos- y por nuevos propietarios agrícolas –
procedentes mayoritariamente del mundo de los negocios. La alta burguesía obtenía sus
ingresos del comercio y las finanzas, sintiéndose atraída por la compra de la tierra
desamortizada y el ennoblecimiento.
en segundo lugar, la burguesía comercial e industrial, escasa y vinculada a las
actividades agrarias en el interior y en el sur de la península y a la actividad empresarial,
sobre todo, en Vizcaya y Barcelona;
y, en tercer lugar, la clase trabajadora, integrada en su mayoría por campesinos
(pequeños propietarios, arrendatarios, jornaleros...) y un naciente proletariado urbano,
caracterizados por un bajo nivel económico y un alto índice de analfabetismo. El
proletariado se concentra en las zonas industriales y en Madrid, viviendo en condiciones
miserables (largas jornadas laborales, bajos salarios…), carece de fuerza y se manifiesta
de la mano de los progresistas y en motines callejeros.
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El proletariado comenzará a agruparse en sindicatos a partir de 1868, en que comienzan a
cristalizar los movimientos obreros, que tomarán dos direcciones: la anarquista, constituyendo
la “Federación de Trabajadores de la Región Española”, que daría lugar a la Confederación
Nacional del Trabajo (CNT), que centra su actuación en núcleos de Andalucía y Cataluña; y la
dirección socialista, con la fundación del Partido Socialista Obrero Español por Pablo Iglesias
en 1879, que se extendió en las zonas del centro, de donde irradió hacia los focos mineros e
industriales del Norte. Poco después surge la UGT. En 1890 se celebra por primera vez en
España el 1º de mayo. El proletariado comienza a manifestarse.
Imagen 24. Sociedad de la España de la segunda mitad del siglo XIX.
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3.3.3.2. La economía en la España de la Restauración
En lo relacionado con la actividad económica, España presentaba unas características
peculiares con respecto a los países europeos de aquel momento, no habiéndose incorporado
al ritmo industrial que había caracterizado a dichos países,-excepto Cataluña y el País Vasco-.
El resto de España seguía siendo principalmente rural. La agricultura seguía siendo la base de
la economía del país.
La España rural presentaba característica muy variadas: mientras en el Norte, los propietarios
eran numerosos, dominando los minifundios, en los que las tierras estaban fraccionadas en
muchos territorios de pequeña extensión; en la España del olivo y del cereal –Andalucía,
Extremadura, parte de Castilla- seguían existiendo grandes latifundios. En Cataluña y Levante
las formas de propiedad fueron más equilibradas.
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El hecho de que el 70 % de la población activa trabajara en la agricultura y que su nivel
económico fuera bajo explica que no existiera un mercado interior que demandase productos
manufacturados y que las inversiones extranjeras se dirigieran, sobre todo, a la construcción
ferroviaria, ayudan a explicar que la industrialización española se realizara de una manera
lenta y tardía, destacando dos sectores fundamentales: el textil y la siderurgia, con la
importancia del ferrocarril y la minería.
El desarrollo industrial trajo como consecuencias fundamentales la aparición de una
burguesía vasco-cantábrica y catalana, y la aparición del obrero metalúrgico –vasco-, del
minero asturiano y de un proletariado en Cataluña.
Aparte de estos núcleos existieron focos mineros en otros lugares de España, como las minas
de Almadén y Riotinto.
Fíjate en un aspecto fundamental: mientras Francia e Inglaterra comienzan ahora a crear su
imperio colonial, España acaba de perderlo. No hay, por tanto, materias primas baratas ni un
mercado de venta.